Siempre he pensado que el cambio climático es como los accidentes de tráfico o el cáncer…es algo que le pasa a los demás, generalmente a unos “demás” bastante lejanos y que no tienen nada que ver contigo pero la realidad es que eso no es así ni mucho menos.
Quizás mucha gente piense en un país como el nuestro que los medios de comunicación y los científicos son unos exagerados, que sí, quizás haya veranos con más calor, otoños con menos lluvias o inviernos casi sin nieve pero que la cosa no es tan grave. Realmente no nos paramos a pensar cómo ha cambiado nuestro entorno en los últimos años porque una inmensa mayoría no tiene ningún tipo de contacto con el medio natural ni por tanto es capaz de interpretarlo…en las ciudades estos pequeños signos siempre pasan más desapercibidos.
Pero sin lugar a dudas creo que una de las cosas más importantes que deberíamos aprender todos es que nuestras acciones no sólo nos afectan a nosotros y nuestro entorno sino al planeta entero como si de un enorme efecto mariposa se tratara.De esta manera, mis hábitos y mis actitudes diarias contribuyen a que cuando uno tiene el privilegio de poder nadar en la Gran Barrera de Coral, no se encuentre con esto:
Montañas enteras de coral muerto, porque cada vez que sube, aunque sea mínimamente la temperatura, el coral muere, y desgraciadamente la temperatura no deja de subir….Sino con algo así:
¿Qué podemos hacer ante la magnitud del desastre? Pues muchas cosas y en su mayoría con un mínimo esfuerzo por nuestra parte. Una de las tareas más bonitas es enseñar y aprender con tus hijos, sobrinos, primos, etc, a interpretar las estaciones, conocer las aves que invernan en la localidad, aprender los nombres de las plantas que nos rodean y que son comunes donde vivimos, partipar en el día de la tierra, las aves...en fin hay actividades para todos los gustos. Porque es imposible respetar y amar lo que no se conoce que mejor manera que haciéndolo con la gente que más quieres.
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